El Quijote y el Emperador de la China: los derroteros del libro

Celia Mabel Burgos Acosta

Resumen


La dedicatoria al conde de Lemos, una de las piezas preliminares del Quijote de 1615, incluye una pequeña anécdota apócrifa: la de la visita de un emisario del emperador chino a Cervantes. El ofrecimiento que éste le hace, a través de una carta, para que visite el imperio allende al mar, se revela insuficiente y da pie al elogio del poderoso a quien se le envía la obra. La pequeña historia no es inocente. En el umbral de la novela a la que da comienzo, se proyecta sobre su totalidad y plantea varias cuestiones de gran importancia para esta Segunda Parte. En primer lugar, la centralidad de la materialidad escrita y la importancia de la tradición en la que se inserta la propia obra. Y, finalmente, porque detrás de los intercambios librescos y epistolares es posible, en el imaginario de la España áurea, el encuentro con ese Otro, el chino, un sujeto imperial como el que habitaba los territorios de los Austrias, frente al que se depositará el tratamiento ambivalente del diferente: de sujeto digno de admiración a peligroso antagonista.

Palabras clave


Escritura; libro; alteridad; colonización

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Exlibris | ISSN 2314-3894
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